Gas: potencia y control en el punto medio
El gas es la opción más equilibrada: enciende en segundos, regula la llama y se encuentra en casi cualquier tienda de deportes. Los cartuchos de rosca se acoplan directos al hornillo y se desmontan con facilidad.
Su punto débil es el frío: por debajo de unos 5 °C la presión cae y la llama se vuelve débil. Para invierno se usan mezclas de propano-butano específicas o se invierte el cartucho en modelos preparados.
Alcohol: ligereza y silencio
Un hornillo de alcohol pesa menos de 100 gramos, no tiene piezas que se estropeen y arde en silencio. Es la elección clásica de los que cuidan cada gramo de la mochila.
A cambio, hierve más despacio, rinde menos con viento y la llama apenas se regula: se enciende y se espera. Conviene llevarlo con parabrisas y calcular el alcohol por comidas.
Leña y otras opciones
Los hornillos de leña queman ramas secas que encuentras en la zona y no obligan a cargar combustible, pero dejan hollín, tardan en arrancar y están prohibidos donde haya restricción de fuego. En zonas con viento o humedad, plan B con gas.
Antes de elegir, consulta siempre las normas del parque o del camping: muchos permiten gas y prohíben fuego abierto y leña.
Elige tu hornillo en 5 pasos
Si acamparás en frío, el gas con mezcla de invierno o un multcombustible te ahorrarán disgustos.
Alcohol para ultraligero; gas para el equilibrio; leña solo si no te importa el hollín.
Si acampas en costa o páramos, prioriza parabrisas o un hornillo estable.
Soportes rígidos y antideslizantes evitan vuelcos con ollas grandes.
Revisa las normas de fuego del lugar antes de comprar combustible.
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