La crema: factor, filtros y reaplicación
Elige un protector de amplio espectro (UVA y UVB) con factor 30 o superior, y aplícalo 20-30 minutos antes de exponerte para que forme película. La cantidad importa: una capa fina rinde mucho menos de lo que indica el factor.
Reaplica cada dos horas y después de sudar, bañarte o secarte con la toalla. En la práctica, la mayoría de la gente aplica la mitad de la cantidad necesaria: cuando dudes, pon más.
Ropa, gorra y gafas: la segunda capa
La ropa con protección UPF, los tejidos de secado rápido de manga larga y un sombrero de ala ancha protegen mejor que cualquier crema y no necesitan reaplicación. Las gafas con filtro UV son imprescindibles: la radiación daña también los ojos.
Los labios, las orejas y la parte superior de los pies se queman con facilidad y se olvidan siempre: inclúyelos en la rutina con bálsamo con SPF.
Reflejos, altitud y horas centrales
La nieve, la arena y el agua reflejan la radiación y multiplican la exposición: en alta montaña, la radiación aumenta alrededor de un 10 % por cada 1.000 metros de altitud. Un día nublado en la nieve puede quemar igual que uno despejado en la playa.
Busca sombra entre las 12 y las 16 horas, hidrátate más de lo que crees necesario y vigila especialmente a los niños, que acumulan más daño a lo largo de la vida.
Rutina solar en 5 pasos
20-30 minutos antes, generoso y en todas las zonas expuestas.
Manga larga, sombrero de ala ancha y gafas con filtro UV.
Bálsamo con SPF y crema en las zonas que se pasan por alto.
Y siempre tras sudar, bañarte o secarte.
Entre las 12 y las 16 horas, y agua extra.
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